Historias para no dormir: salir de noche siendo mujer

Ayer vi un vídeo titulado “48 cosas que una mujer oye a lo largo de su vida (y que los hombres no)” –o algo así- y por cada frase que repetían, un recuerdo venía a mi cabeza tanto por situaciones vividas como por situaciones oídas a mujeres de mi entorno. No hace falta ni siquiera hacer un esfuerzo para pensarlo objetivamente, las imágenes simplemente vinieron. Y, como vinieron para quedarse, me sentía en la obligación de compartirlo con vosotros.

Sinceramente, y sin exagerar ni resultar una histérica –porque estas dos cosas también las he oído, junto con el “¿eres… feminista?”-, he recordado demasiadas cosas como para una sola entrada y, como las más fuertes me han sucedido de noche… he decidido quedarme con cuatro ejemplos que me han sucedido saliendo de fiesta. Porque salir de noche siendo mujer a veces resulta, cuanto menos, fuerte.

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Encendamos velas, construyamos paz

Intenté definir la libertad y olvidé hablar de flores;

intenté definir la vida y olvidé hablar de sangre.

A veces intento poner palabras a cosas que sé que son innombrables. A veces intento hablar de aquello que me roba el aliento y me deja sin palabras. Quería hablaros del horror en el mundo, pero no he sido capaz. No cuando el miedo hace que me tiemblen las manos y aún parece que necesite seguir guardando un minuto de silencio por cada víctima de cada rincón del mundo. El dolor parece demasiado fuerte como para que nuestra voz pueda tomar forma más allá del grito, como para saber cómo curarlo sin causar más dolor.

El problema del dolor es que, aunque intentemos evitarlo, magnifica las cosas. Y aquello que nos duele, cuando nos hiere, se hace muchas veces más grande que nosotros. El miedo es a veces un titán que nos sepulta. O puede que sea nuestra vista la que en momentos de shock nos engaña y hace que aquello que tememos nos parezca irreductible y nos aterrorice. Pero algo que sin duda resulta ineludible es que el horror ha asaltado nuestros hogares, nuestros lugares seguros. Y es normal que tengamos miedo. Lo que no es normal, ni justificable, es que sucumbamos a él. Nunca es justificable que dejemos que emponzoñe nuestra mente. Ni siquiera aunque cuando se nos abra una herida lo único en lo que podamos pensar sea en taparla sin importarnos cómo. Ni a costa de quién o de cuántos. No cuando esa gente también lo sufre y llevan años sufriéndolo. Ni lo es cuando el horror lleva años asolando su hogar ni cuando su casa es la misma que la nuestra. Esa gente también tiene miedo. También siente el dolor.

Y es que hay veces que en mitad de esas heridas, del dolor, de la tragedia aquí y allí y en cualquier lugar, que las palabras nos oprimen en la garganta como un torniquete y no podemos hablar. Pero hablamos con gestos. Tapamos las palabras que otros sueltan en una verborrea de sangre y dolor y guerra para ejemplificar la paz. Cubrimos el mundo de velas y flores y parece mejor que cualquier palabra que podamos usar.

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La sinceridad por bandera

I have pretended to go mad in order to tell you the things I need to. I call it art. Because art is the word we give to our feelings made public. And art doesn’t worry anyone.

—Iain Thomas

Empiezo hablando de arte porque mi sinceridad nació escribiendo. Porque una vez descubrí que si configurabas tus sentimientos en forma de palabras nadie parecía darse cuenta que aquello que contabas eras tú y no algo ajeno. Que podías gritar y llorar a todo pulmón por aquello que te dolía pero nadie veía tus heridas abiertas en cada punto y seguido, tu corazón en cada punto y final. Se convirtió en un escudo y un desahogo. En un poder decir y sangrar todo aquello que necesitaba sacar de dentro de mí y que nadie iba a juzgarlo si salía en forma de arte. En forma de palabras. (más…)

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¡Bienvenidos, humanos!

“El espíritu humano es la capacidad de afrontar la incertidumbre del futuro con curiosidad y optimismo. Es la fe en que los problemas pueden solucionarse, en que las diferencias pueden resolverse. Es un tipo de confianza, pero frágil”

-Génesis, Bernard Beckett

Curiosidad, optimismo y fe son también las tres cosas que me traen aquí hoy. Que me han traído aquí siempre. Curiosidad por todo aquello que tengo en mi interior y quiero compartir con vosotros pero sin duda también con aquello que vosotros compartís conmigo. Optimismo, desde luego, hace falta para pensar que aquello que yo os puedo ofrecer va a interesaros y que aquello que vosotros tenéis vais a querer compartirlo conmigo. Pero así somos las personas, ¿verdad? Nos movemos por fe. Escribo por fe hoy. Fe en que vosotros leáis esto, en que os guste y en que me lo digáis. Fe en que todo lo que tengo sea suficiente para compartirlo y que así pase a formar parte de otras personas también.

Bienvenidos, humanos, a este salto de fe. Al vacío. Espero que vosotros tendáis la red.

¿Quién (o qué) es Just A Bullet?

¿Quién soy? Qué pregunta tan tonta y filosófica que es esta, ¿no? Ja, ja. ‘Just A Bullet’, como algunos de vosotros ya sabéis, que es un nombre que lleva cierto tiempo acompañándome y que no deja de definir quién soy o quién quiero ser. Tengo una ligera y tal vez seria obsesión con las balas y sus metáforas. Soy así de agresiva, a veces. Quiero decir, esto no es más que un pequeño rincón en la gran e inmensa red. Quiero decir: esto soy yo. ¿Y qué es esto?

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