5 trucos para NO acabar una novela

Más o menos hace una semana os proponía un RETO en el que compartía con vosotros mi propósito de escribir 1500 palabras al día y os invitaba a uniros a él para intentar acabar con la procastinación y conseguir aquello que nos proponemos, además de evitar el miedo que nos impide, a veces, alcanzarlo. Lo cierto es que he de admitir que esta semana no ha sido tan productiva como cabría de esperar, ya que he estado bastante ocupada (académicamente hablando) y me ha resultado complicado poder encontrar el momento de escribir y que me gustase el resultado. Sí, excusas al fin y al cabo, pero… entre tantas excusas también he tenido tiempo de valorar mejor los objetivos que quiero cumplir con este reto que son, básicamente, acabar la novela cueste lo que cueste y, además, evitar aquello que me lastraba cuando me ponía a escribir y evitaba que acabase nada. En esa línea, esta entrada no es más que la recopilación de todo aquello que dificultaba el hecho de intentar acabar los diversos proyectos en los que me he ido embarcado y que, de un modo u otro, han fracasado o se han quedado a medias. Por lo tanto, he de aclarar que esto NO son consejos de carácter universal, ni siquiera han de ser aplicables al resto ya que lo que para mí es un lastre para el resto puede ser el impulso que necesitan mientras escriben y lo que les hace llegar hasta la meta. Simplemente quería compartir con vosotros mis trucos personales para conseguir, de un modo u otro, dejarlo todo a medias por si os sentís identificados con ellos o, en el mejor de los casos,  por si pueden serviros de ayuda.

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Escribir porque sí, porque respiro

Hoy quiero contaros que hace mucho que no me veía capaz de sentarme frente al Word y simplemente escribir. Que las páginas en blanco llevaban meses convertidas en algo menos que un fantasma, que una voz susurrante que me recordaba que debía pero no podía hacerlo. Y ahora que lo he conseguido, que le he quitado la sábana al fantasma y solo he visto aire debajo, que he hecho callar a la voz y solo ha quedado silencio, quería compartirlo. Tal vez ha sido así porque la historia a la que esto pertenece lleva tantos años conmigo que casi forma parte de mí. Pero he vuelto a escribir.  A escribir porque sí, porque respiro y porque tú respiras, como decía Neruda cuando hablaba de felicidad. Porque a pesar de los baches, de las desesperaciones y los quebraderos de cabeza, escribir es mi forma de buscar cierta felicidad. Y, además, quería compartirlo porque sé que hay gente que está aquí hoy y que lleva aquí mucho tiempo que un día leyeron algo mío y les gustó. Y otro día, y otro. Y otro.

Y hoy seguís aquí, creyendo en mí. Y espero que lo sigáis haciendo y que disfrutéis leyendo tanto como yo escribiendo ❤

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