La GRAN mentira (por amor)

Hoy me apetece hacer algo a lo que he decidido llamar: “De la ficción a la realidad” -tal vez en un futuro escriba más entradas bajo el mismo título, quien sabe-. Esta idea viene de que estoy harta de ver elemento altamente recurrente en la ficción que consigue exasperarme por completo y al que voy a llamar: LA GRAN MENTIRA (por amor). Sé que es un recurso que se utiliza tanto en cine como en literatura, pero que donde más me estresa a mí personalmente es en las novelas. Pero bueno, a lo que íbamos, ¿cuándo se suele dar esa GRAN MENTIRA?

Suele producirse en el momento crucial en el que la historia de romance ha de irse a la mierda para que la estructura y la trama de la novela no sea una línea recta, monótona y aburrida, y se necesita de un bache. Esto se da cuando, por ejemplo, PROTAGONISTA A  y PROTAGONISTA B mantienen una relación, vamos a decir, romántica. El PROTAGONISTA A es diagnosticado de una enfermedad incurable que le supondrá  convalecencia absoluta y una posible muerte temprana. Mientras tanto PROTAGONISTA B recibe la oportunidad que llevaba toda la vida esperando de viajar a la Amazonia a estudiar una especie endémica de mosquitos tropicales.

Una vez que hemos llegado aquí, podemos establecer una suposición lógica en la que, en tanto al vínculo afectivo que une a estos protagonistas es fuerte, cuando PROTAGONISTA B se entera de la enfermedad padecida por su pareja, decide rechazar la oportunidad de su vida y quedarse a cuidar al PROTAGONISTA A mientras que lo necesite. Hasta que muera o hasta que se salve, quién sabe. Pero no.

Nada será nunca tan fácil como dejar a cada cual tomar sus propias decisiones.

Aquí es donde la trama se rompe: para poder evitar la catastrófica decisión de que el PROTAGONISTA B pierda la oportunidad de su vida y pueda pasar años arrepintiéndose –como también por evitarse a sí mismo la culpabilidad de retenerle a su lado– el PROTAGONISTA A decide tomar la decisión por los dos y MIENTE. Pero no suele ser una mentira cualquiera, no. La mentira ha de tener un componente trágico mediante el cual el PROTAGONISTA A le dice a su pareja que no le quiere y que todo eso que han vivido es un fraude.

Es decir, le rompe el corazón en noventa mil pedazos para que pueda irse libremente a investigar los mosquitos de la selva amazónica, la oportunidad de su vida. Well done, baby. Por supuesto, dudo que la excursión se le vaya a hacer tan amena como era de esperar con un corazón roto y un montón de dolor –o rabia–dentro. De todas formas, la gran mayoría de las veces esto tiene un final feliz en el que de algún modo esto se soluciona y la mentira queda perdonada como un acto de amor puro.

Bueno, hasta aquí podíamos llegar.

Para mí, que soy una persona la mar de ilusa, el amor es una cuestión de RESPETO. El amor en todas sus vertientes, tanto romántico como de mera amistad. Y cuando tú estás eligiendo por encima de otra persona, negándole así la posibilidad de tomar sus propias decisiones, créeme cuando te digo que no le estás respetado ni un poco. El PROTAGONISTA B, como persona racional y capacitada para tomar decisiones propias, es quien tiene que elegir entre las diversas opciones que podríamos resumir en dos: irse o quedarse. Si elige quedarse, mandar a tomar por culo a los mosquitos amazónicos y cuidar de la persona que quiere, está en su pleno derecho. Y el PROTAGONISTA A no tendría que sentir ninguna clase de culpa por ello –y, desde luego, si decide quedarse el PROTAGONISTA B tampoco podría culpabilizarle por ello. Valorando los escenarios posibles, guiándose por el tipo de vínculo emocional compartido, y decidiendo cuál de las dos opciones es con la que podría vivir el resto de su vida, toma su decisión.

Se va, porque en verdad no le quiere tanto y prefiere la especie endémica de mosquitos (que puedes pensar: “ojalá le piquen un ojo, por abandonar así a alguien enfermo”, sí) Opción correcta. Más o menos mala, pero correcta. No está perjudicando ni haciendo sacrificios innecesarios por nadie. (Contamos con que aun enfermo y a las puertas de la muerte el otro tiene amigos y familiares que le quieran. Sí, está feo romperle el corazón a un enfermo. Pero, ¿veis? Aquí tenemos un montón de DRAMA y de controversias éticas y morales con las que podemos jugar sin mentir).

Se queda, porque le quiere y prefiere quedarse a su lado antes que ir al Amazonas. Opción correcta. Nadie tiene por qué sentirse culpable por nada de lo que suceda aquí, sobre todo cuando a la inversa lo más probable es que la otra persona hiciera lo mismo.

Yo, de verdad, no toleraría que nadie me hiciera algo así, ni por mi bien, ni en el nombre del amor, ni por nada. Porque querer también significa dejar a la otra persona ser libre de tomar sus propias decisiones, de elegir y de actuar. Por mucho que quieras a nadie, tú no tienes poder sobre él o ella para decidir, elegir o actuar por él. Lo siento mucho, si se va al Amazonas porque no te quiere, te jodes. Y si se queda porque te quiere, te jodes. Pero deja de mentir.

 

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