Historias para no dormir: salir de noche siendo mujer

Ayer vi un vídeo titulado “48 cosas que una mujer oye a lo largo de su vida (y que los hombres no)” –o algo así- y por cada frase que repetían, un recuerdo venía a mi cabeza tanto por situaciones vividas como por situaciones oídas a mujeres de mi entorno. No hace falta ni siquiera hacer un esfuerzo para pensarlo objetivamente, las imágenes simplemente vinieron. Y, como vinieron para quedarse, me sentía en la obligación de compartirlo con vosotros.

Sinceramente, y sin exagerar ni resultar una histérica –porque estas dos cosas también las he oído, junto con el “¿eres… feminista?”-, he recordado demasiadas cosas como para una sola entrada y, como las más fuertes me han sucedido de noche… he decidido quedarme con cuatro ejemplos que me han sucedido saliendo de fiesta. Porque salir de noche siendo mujer a veces resulta, cuanto menos, fuerte.

Porque salir de noche siendo mujer a veces resulta, cuanto menos, fuerte. Click Para Twittear

“You don’t want to go out with me? You are ugly anyway.”

Hace poco le comentaba a una amiga, en tono jocoso (porque o me río cuando cuento estas cosas o me lío a puñetazos con alguien y, desde luego, me resulta más sano reírme) que una de mis frases favoritas cuando rechazaba a algún chico era que me llamara fea. Me resulta muy curioso el tipo de disfuncionalidad mental que lleva a alguien que ha estado metiéndote fichas durante al menos cinco minutos a cambiar de opinión con semejante celeridad. ¿De repente se ponen gafas –que, desde luego, no son violetas- y aprecian mejor mi fealdad? ¿O se trata de una metáfora que hace referencia a la fealdad interna que hace que les rechace y sea mala con ellos?

Porque no entiendo como puede ser que tras tener que oír que te coman la oreja, que te digan lo guapa y bonita y cualquier cosa que ellos consideren un piropo durante minutos en una discoteca. Tras haber intentado rechazarles de la mejor forma posible, si ese día me siento amable, o habiendo sido una borde desde el minuto uno, si es un día normal, ellos sigan. Hasta que en cierto momento me harto, contesto de malas (o no tan malas) formas. Y que entonces, tras la avalancha de guapa-bonita-preciosa, te digan que “tú te lo tienes muy creído, ¿no?” y/o “que sepas que ni siquiera eres tan guapa, chula”. Si lo que intentan generar es una confusión mental en mi cabeza, lo logran. Si lo que quieren es que esa confusión me lleve a caer rendida a sus pies, no van bien encaminados. Y si lo que pretenden es herirme, querido, tus palabras son humo: me molestan, pero no me queman.

“¿Tu amiga tiene novio? No lo parece por como baila.”

La primera vez que salí de fiesta por Madrid digamos traumática. Pero por no ponernos dramáticas, voy a contaros un comentario que le hicieron a mi amiga y que me cabreó y, por qué no, me generó una culpabilidad que después se convirtió en asco hacia mi misma. (Patriarcado, punto para ti).

La música de la sala a la que fuimos era reggaetón y a mí, cuando me pones esa música, me vengo arriba. Me gusta salir de fiesta y oír reggaetón (no voy a entrar en la discusión sobre el machismo o no del reggaetón porque eso da para otro post) y me gusta bailarlo. Me divierte, me lo paso bien. Me gusta bajar hasta el suelo, mover el culo, no sé, disfrutarlo. Y resulta que ahora que tengo pareja, esto está mal visto. (Que también estaba mal visto cuando estaba soltera, pero por otra serie de razones que no vienen a colación). Está mal visto porque se da por sentado que, si yo bailo así, lo estoy haciendo para poner cachondos a todos los tíos que puedan verme. Porque, por supuesto, cada paso que doy y cada decisión que tomo está única y totalmente enfocada al goce masculino. Mi vida está demasiado vacía como para vivirla solo y únicamente para mí, al parecer.

Fue entonces cuando estaba yo bailando una canción que me gusta especialmente, algo borracha, cuando un tío que probablemente se pensaba que estaba moviendo el culo para él y pretendía abordarme, le preguntó algo a mi amiga que le llevó a responder que me dejara que, además, tenía novio. Y, queridos amigos, la respuesta fue tan brillante que se ha ganado un hueco en mi blog: ¿Que tiene novio? Pues no lo parece por como baila. Porque ¡sí!, ahora resulta que hay una forma de bailar para las personas que tienen pareja y una forma de bailar para las que no. No sé exactamente cómo se establece cada una de ellas (probablemente la forma de bailar perdona-tengo-novio sea algo así como quedarse en casa y no salir de fiesta), pero estaba claro que una que implicara disfrutar de mi cuerpo y bailar como me saliera del coño, no era.

He dicho más arriba que esto generó cierta culpabilidad en mi persona porque sí, durante un momento sentí que si esa era la reacción que estaba provocando tal vez estuviera haciendo algo que no estaba bien. Fue un pensamiento breve, que no derivó en mucho más, pero existió. Y solamente su existencia me asquea, porque la existencia de esa culpabilidad hace que el patriarcado gane de nuevo y que, de alguna forma, pueda condicionar mi comportamiento.

 “You should feel grateful you were catcalled.”

He dejado lo mejor para el final porque la vida es una tómbola tom-tom-tómbola y me gusta acabar con fuerza. Esta es la frase estrella. Esta es la frase que más me gusta que me repitan y que, suerte para mí, me han repetido muchas veces. ¡Esta es la frase que define mi día a día y mi actitud para con la vida! Esto es lo que cada vez que oigo, me hace querer dar puñetazos. Sí, al aire al menos –porque, como dice mi abuelo, así no te haces daño a ti mismo-, pero darlos.

¡No seas exagerada, si solo son piropos! ¿Pero por qué te quejas si te están piropeando?

¡No entiendo como no te puede gustar ir sola por la calle vacía, a las 7 de la mañana que aún es de noche, y un hombre se pare a decirte cosas en una voz cuanto menos agresiva! ¿Cómo no te va a gustar volver a casa de fiesta y que un coche con cuatro tíos se pare o redúzcala velocidad para gritarte cosas por la ventanilla? ¡Que un tío te agarre del brazo por mitad de la calle para decirte cosas obscenas es un halago! ¡Deberías ser más agradecida, ese hombre que te mira lascivamente en el cercanías, ese que se te acercó demasiado mientras andabas por la calle hasta hacerte sentir acosada y aquel que te grita por la calle, solo te están piropeando!

No, no me siento halagada. No, no soy una exagerada. No, no son casos aislados. Click Para Twittear

No, no me siento halagada. No, no soy una exagerada. No, no son casos aislados. No son cosas que pasan por accidente, que suceden de casualidad, que no afectan a mi vida diaria. Es un problema social al que tenemos que enfrentarnos todas las mujeres cada vez que salimos a la calle, vamos de fiesta o nos montamos en un metro. Y el problema, desde luego, también es la respuesta que obtenemos al contarlo. No hay que dejar de mencionar que los comentarios en Facebook en el vídeo –al menos buena parte de ellos- desde el principio son hombres quejándose de las cosas que ellos también tienen que sufrir. Su afán de protagonismo no puede dejarme indiferente porque exactamente este vídeo no está dirigido a ellos, no se trata ni siquiera de cosas que digan los hombres, son cosas que las mujeres tenemos que oír y que los hombres no. Son cosas que nos pasan a nosotras, que existen, que están ahí. Pero en vez de asumirlo, simplemente se sienten atacados. Porque sí, porque no hacen más que llorar porque ellos también sufren cosas similares –que sí, el patriarcado también afecta a los hombres pero, queridos, sois la parte privilegiada-. Qué tal si en vez de quejaros, por una vez en vuestra vida, escucháis y aceptáis que existe un problema. Aceptáis que esto nos pasa a nosotras y que no son cosas aisladas y puntuales, que es un problema social.

Sí, lo sé. Es mucho pedir.

4 thoughts on “Historias para no dormir: salir de noche siendo mujer

  1. Muchos. Incontables la de veces que he vuelto a casa de noche (ya ves tú, de noche, ¿qué peligro natural puede haber?) con la mano metida en el bolsillo agarrando fuertemente la llave de casa, casi empuñándola como un arma.
    Y mi madre desde pequeña diciéndome: “te coges un taxi si hace falta, pero ni se te ocurra volver sola a casa de noche”.

    Da escalofríos.

    “Estarías más guapa si sonrieras”. O mi versión favorita: “estarías más guapa si te vistieses como una chica”. Esto dicho muchas veces por mujeres. Muchas de esas frases no sólo las oímos de boca de hombres, sino también de mujeres. Pero es lo que tiene el patriarcado ¿no?, nos han educado para que nos sentimos culpables por ir vestidas de una manera o de otra que no se corresponde con lo que se establece dentro del estereotipo de mujer.
    Lo mismo ocurre con el tema de los hijos. Estoy en esa época en la que no sólo mi madre, sino gente de mi entorno me dice: “¿no tienes novio? ¿Es que no quieres casarte/tener hijos/blablabla?”. Mi respuesta: NO. No quiero tener pareja (no haciendo alusión al género de ésta) ni tampoco voy a tener descendencia, y de tenerla, adoptaré.
    O por ejemplo cuando una niña, una adolescente o una mujer dicen algo la llaman mandona o la interrumpen constantemente, o nos tenemos que disculpar.

    Hasta qué punto está tan arraigada la desigualdad de género con todo lo que ello conlleva. La cuestión es que el único medio factible para atajar todo lo que conlleva la violencia de género y la desigualdad es la educación en valores. Pero también el desaprender comportamientos, conductas y actitudes, romper con estereotipos y, desde luego, no callarnos. Así al menos es como se está luchando. Y a los haters… bueno, ya lo dice la frase “haters gonna hate”.

    Excelente post, Carla.

    Me interesaría saber tu opinión, ya que lo has mencionado, sobre el reggaetón y el machismo. A mí, personalmente, hay canciones que se me pegan y las bailo, pero hay otras que… en serio, me dan ganas de arrancarme las orejas.

    ¡Un saludo!

    PD: acabo de ver que un tío ha hecho una versión masculina del vídeo. El protagonismo. Te lo dejo aquí: https://www.youtube.com/watch?v=B5H5p_dz_pc

    1. Desde luego que la solución ha de pasar, sobre todo, por la educación, así como por la ruptura de los roles de género y el sistema previamente establecido. Es un problema social tan amplio que, en efecto, muchas veces también nos corrompe a nosotras mismas. Hay que estar dispuesta a asumir errores, a deconsctruirse y seguir aprendiendo. Hasta las gafas violetas han de graduarse de cuando en cuando. Cada una de las frases del vídeo despertó en mí ciertos recuerdos de situaciones vividas o presenciadas pero esto que me cuentas tú, ha tenido el mismo efecto. Está claro que no es una cosa que sea fácil de cambiar, por eso hay que seguir luchando.
      Me alegro que, aunque la situación sea tan cruda, al menos el psot te haya gustado. Sobre el reggaetón tengo que investigar un poco más sobre el tema para poder escribir una buena entrada, por ahora lo que sé lo saqué de un hilo de twitter (este: https://twitter.com/MissChaotic_/status/671300133804470272), pero probablemente acabe posicionándome sobre el tema y escribiendo más pronto que tarde al respecto.

      ¡Gracias por leer!

      PD: He tenido que quitarlo a la mitad, de verdad que desesperación me da a veces la vida.

  2. Tienes más razón que un santo. Pero es que lo peor es eso: cuando intentas explicar que toda esta atención no es bien recibida, te encuentras con reacciones como “eres una exagerada” o “tampoco es para tanto”… O, mi favorita, “son cosas que pasan”. Te juro que es la expresión que más me cabrea. “Cosas que pasan” parece querer decir que tengo que aceptar que esta situación no va a resolverse en la vida, y paso. Yo ya decidí hace tiempo que como mujer, y como persona, no le debo nada a nadie. Por lo tanto, si un tío se cabrea porque no ha conseguido lo que quería, yo estoy en mi derecho de seguir disfrutando de la noche.
    Y punto.

    1. No, está claro que la respuesta no ayuda si no al contrario, lo único que consigue es que se evite contarlo. ¿Para qué voy a contar algo que me ha pasado si van a ridiculizarme y no a tomarme en serio? ¿Cómo voy a pensar que es un problema de carácter social y estructural si me dicen que eso solo “son cosas que pasan” desde que soy apenas una niña? No, ayudar no ayuda. Yo también tomé la misma decisión y, a menos que la situación implique cierto peligro hacia mi persona, ni me callo ni trago. Ya está bien de tener que callarnos, sonreír educadamente y ser “buenas niñas” o “señoritas”.
      ¡Gracias por leer!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *