El muro que rompe los ojos

¿Por qué será que los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos? (Eduardo Galeano) Click Para Twittear

Entre los muros (de Berlín)

Érase una vez un mundo. Durante un tiempo, se pensó que ese mundo era plano, que se extendía basto y sin límites como la imaginación que lo conjuraba y que era el centro mismo de la existencia, del universo. Muchos murieron con esta creencia y otros, tal vez no tantos, murieron por defender la contraria: que el mundo era redondo y tenía fin y giraba alrededor de un astro.

Por lo tanto, érase una vez un mundo que es redondo, que gira alrededor del sol, que tiene fin y que se parte en dos. Que se quiebra en dos mitades que ningún puente se atreve a salvar, extendiéndose así un abismo entre ambas. Un muro. Este muro rompe el mundo pero es invisible. Esta invisibilidad no supone su inexistencia, pero… ¿qué podemos hacer para enfrentar un muro que no podemos –que no queremos– ver? Durante años, siempre que no hemos podido derribar muros, los hemos pintado. Pero, decidme, ¿qué hacemos cuando los muros son invisibles?

Ser humanos

¿Qué hacemos cuando los muros son invisibles? Click Para Twittear

Este muro divide el mundo en dos mitades, no necesariamente de forma proporcional, ni siquiera de forma física, simplemente crea dos polos opuestos que, tal y como establece la física, se atraen. Y chocan.  O eso es lo que han afirmado muchos teóricos durante muchos años. “Civilización y barbarie”, decían. “Nosotros y los otros”, gritaban. “Occidente y oriente”, murmuraban. Muchos han muerto con esta creencia y también muchos, demasiados, han muerto y están muriendo por ella.

Este muro, sin embargo, es invisible porque los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos. Y así, desde la invisibilidad que implica el no querer ver aquello que nos llena de culpa y nos resulta insoportable, confronta dos formas de ver el mundo y crea una guerra donde debería haber un puente: en el abismo imaginario que los separa.

Durante años hemos dejado que conjuren una imagen del mundo que, si bien no lo hace basto e inacabable, sí convierte a una de las dos partes en intocable y a la otra en intolerable. Hemos dejado que construyan castillos de naipes en nuestro imaginario colectivo que al final se han calcificado, se han solidificado y han cimentado nuestra forma de ver el mundo, de entender la realidad. Hemos dejado que las ideas se conviertan en realidades  y ahora nos da miedo darnos cuenta de que todo aquello en lo que hemos creído ciegamente es lo que nos está rompiendo los ojos.

Abrir las puertas

Esto no es más que un mensaje en una botella, un grito en el vacío, un susurro en el abismo. Esto es mi forma de tender un puente, mi manera de decir que ya es hora, que ya es momento, de abrir los ojos y mirar a lo que duele. De derribar los castillos de naipes y de construir las nuevas ideas a raíz de las realidades que intentamos invisibilizar, que intentamos no ver.

Ya es momento de abrir los ojos y mirar a lo que duele. Click Para Twittear

© Todas las fotos de esta entrada son de mi autoría y, por lo tanto, sería bonito y casi obligatorio que si las utilizas para algo o las difundes hagas referencia a la fuente, es decir: ¡que pongas mi nombre! ¡Gracias! :)

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