Qué día es hoy

¿Qué día es hoy? El día del recuerdo y del grito. Click Para Twittear

¿Qué día es hoy?, pregunta una voz inocente ­en el fondo de tu cabeza. La misma voz sin pena ni gloria que te recuerda todos los días que levantarse es más que una cuestión de fe y que luchar es más que un verbo que aprender a conjugar.

¿Qué día es hoy?, hay un susurro colectivo de todas las voces de aquellas mujeres que formaron parte de la historia y que la historia no recuerda. Un susurro que es el eco de los gritos de todas aquellas mujeres que lucharon por un mundo, una vida, un minuto mejor.

¿Qué día es hoy?, te pregunta tu madre, tu abuela y todas las mujeres de tu vida que te han cuidado, a ti y a todos los que te rodeaban. Esas mujeres que han construido las familias con sus propias manos, que han soportado el peso de la sociedad con sus cuidados.

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El muro que rompe los ojos

¿Por qué será que los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos? (Eduardo Galeano) Click Para Twittear

Entre los muros (de Berlín)

Érase una vez un mundo. Durante un tiempo, se pensó que ese mundo era plano, que se extendía basto y sin límites como la imaginación que lo conjuraba y que era el centro mismo de la existencia, del universo. Muchos murieron con esta creencia y otros, tal vez no tantos, murieron por defender la contraria: que el mundo era redondo y tenía fin y giraba alrededor de un astro.

Por lo tanto, érase una vez un mundo que es redondo, que gira alrededor del sol, que tiene fin y que se parte en dos. Que se quiebra en dos mitades que ningún puente se atreve a salvar, extendiéndose así un abismo entre ambas. Un muro. Este muro rompe el mundo pero es invisible. Esta invisibilidad no supone su inexistencia, pero… ¿qué podemos hacer para enfrentar un muro que no podemos –que no queremos– ver? Durante años, siempre que no hemos podido derribar muros, los hemos pintado. Pero, decidme, ¿qué hacemos cuando los muros son invisibles? (más…)

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No, Internet no es el mal

(Pido disculpas ya que, antes de haberlo corregido, había habido una errata y había citado poniendo El Mundo como fuente cuando ambas citas pertenecen a un artículo de El País (¡click aquí o en las fotos para leerlo!) y no había caído en enlazar la URL de dicho artículo.)

Antes de nada, quiero hacer una pequeña aclaración porque no quiero que esta entrada se entienda como lo que no es. Porque no estoy negando que exista un problema real de adicción a las nuevas tecnologías, ni haciendo apología de su uso indiscriminado. Es, sobre todo, una crítica al tratamiento tanto por parte de los medios como de la sociedad general al tema de las comunicaciones al tema de las comunicaciones en internet. Así que, una vez aclarado esto… ¡empecemos!

Internet no es el mal de nuestra sociedad

“Los jóvenes viven pegados al móvil. Es una extensión de sus manos, les conecta con el mundo y les hace sentirse integrados. Están enganchados al teléfono y, en algunos casos, esa dependencia ha derivado en adicción.” EL PAIS (3 de julio de 2015)

No podemos penalizar a la juventud entera por hacer uso de las tecnologías con las que han nacido. Click Para Twittear

Los jóvenes viven pegados al móvil y los no tan jóvenes también. No podemos penalizar a la juventud entera por hacer uso de las tecnologías con las que han nacido, con las que están creciendo y sin las que podrían vivir, pero probablemente no quieran (lógicamente). (más…)

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La GRAN mentira (por amor)

Hoy me apetece hacer algo a lo que he decidido llamar: “De la ficción a la realidad” -tal vez en un futuro escriba más entradas bajo el mismo título, quien sabe-. Esta idea viene de que estoy harta de ver elemento altamente recurrente en la ficción que consigue exasperarme por completo y al que voy a llamar: LA GRAN MENTIRA (por amor). Sé que es un recurso que se utiliza tanto en cine como en literatura, pero que donde más me estresa a mí personalmente es en las novelas. Pero bueno, a lo que íbamos, ¿cuándo se suele dar esa GRAN MENTIRA?

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Historias para no dormir: salir de noche siendo mujer

Ayer vi un vídeo titulado “48 cosas que una mujer oye a lo largo de su vida (y que los hombres no)” –o algo así- y por cada frase que repetían, un recuerdo venía a mi cabeza tanto por situaciones vividas como por situaciones oídas a mujeres de mi entorno. No hace falta ni siquiera hacer un esfuerzo para pensarlo objetivamente, las imágenes simplemente vinieron. Y, como vinieron para quedarse, me sentía en la obligación de compartirlo con vosotros.

Sinceramente, y sin exagerar ni resultar una histérica –porque estas dos cosas también las he oído, junto con el “¿eres… feminista?”-, he recordado demasiadas cosas como para una sola entrada y, como las más fuertes me han sucedido de noche… he decidido quedarme con cuatro ejemplos que me han sucedido saliendo de fiesta. Porque salir de noche siendo mujer a veces resulta, cuanto menos, fuerte.

Porque salir de noche siendo mujer a veces resulta, cuanto menos, fuerte. Click Para Twittear

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Salvemos los pueblos

¿Qué estamos haciendo con nuestros pueblos? Click Para Twittear

Tras una semana trabajando en un reportaje a cerca de la Escuela Rural, esta pregunta no hace más que sonar en mi cabeza. ¿Qué estamos haciendo con nuestros pueblos? O, mejor dicho, qué estamos permitiendo que se haga con ellos. Si hay algo en lo que todos estamos de acuerdo es que si se cierran los colegios, se cierran los pueblos.

CRA La Esgueva, Esguevillas de Esgueva © Carla Calvo

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Encendamos velas, construyamos paz

Intenté definir la libertad y olvidé hablar de flores;

intenté definir la vida y olvidé hablar de sangre.

A veces intento poner palabras a cosas que sé que son innombrables. A veces intento hablar de aquello que me roba el aliento y me deja sin palabras. Quería hablaros del horror en el mundo, pero no he sido capaz. No cuando el miedo hace que me tiemblen las manos y aún parece que necesite seguir guardando un minuto de silencio por cada víctima de cada rincón del mundo. El dolor parece demasiado fuerte como para que nuestra voz pueda tomar forma más allá del grito, como para saber cómo curarlo sin causar más dolor.

El problema del dolor es que, aunque intentemos evitarlo, magnifica las cosas. Y aquello que nos duele, cuando nos hiere, se hace muchas veces más grande que nosotros. El miedo es a veces un titán que nos sepulta. O puede que sea nuestra vista la que en momentos de shock nos engaña y hace que aquello que tememos nos parezca irreductible y nos aterrorice. Pero algo que sin duda resulta ineludible es que el horror ha asaltado nuestros hogares, nuestros lugares seguros. Y es normal que tengamos miedo. Lo que no es normal, ni justificable, es que sucumbamos a él. Nunca es justificable que dejemos que emponzoñe nuestra mente. Ni siquiera aunque cuando se nos abra una herida lo único en lo que podamos pensar sea en taparla sin importarnos cómo. Ni a costa de quién o de cuántos. No cuando esa gente también lo sufre y llevan años sufriéndolo. Ni lo es cuando el horror lleva años asolando su hogar ni cuando su casa es la misma que la nuestra. Esa gente también tiene miedo. También siente el dolor.

Y es que hay veces que en mitad de esas heridas, del dolor, de la tragedia aquí y allí y en cualquier lugar, que las palabras nos oprimen en la garganta como un torniquete y no podemos hablar. Pero hablamos con gestos. Tapamos las palabras que otros sueltan en una verborrea de sangre y dolor y guerra para ejemplificar la paz. Cubrimos el mundo de velas y flores y parece mejor que cualquier palabra que podamos usar.

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La sinceridad por bandera

I have pretended to go mad in order to tell you the things I need to. I call it art. Because art is the word we give to our feelings made public. And art doesn’t worry anyone.

—Iain Thomas

Empiezo hablando de arte porque mi sinceridad nació escribiendo. Porque una vez descubrí que si configurabas tus sentimientos en forma de palabras nadie parecía darse cuenta que aquello que contabas eras tú y no algo ajeno. Que podías gritar y llorar a todo pulmón por aquello que te dolía pero nadie veía tus heridas abiertas en cada punto y seguido, tu corazón en cada punto y final. Se convirtió en un escudo y un desahogo. En un poder decir y sangrar todo aquello que necesitaba sacar de dentro de mí y que nadie iba a juzgarlo si salía en forma de arte. En forma de palabras. (más…)

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