Sobre la imposibilidad

Damas y caballeros, me complace informarles de que el siguiente texto fue escrito en colaboración con una personita especial y que, aunque nos quedó una cosa un poco extraña, esperamos que disfrutéis leyéndolo tanto como nosotras escribiéndolo. Ella es Elito y este es nuestro texto lleno de imposibles. Pasen y lean.

blig

Me hubiera gustado poder decir que durante aquellos años todo lo que hice

/todo/

fue por ti y por conseguir un mundo –un puente– a través del cual

/llegar a ti/

Me hubiera gustado decir que construí una paz en cada país pensando así en asfaltar el camino que luego te tocaría recorrer –desandar– a ti.

Me hubiera gustado

llegar

me hubiera gustado

/estar/

(más…)

Leer Más

RELATO: Relicario

¡Hola de nuevo! El parón por vacaciones se me estaba yendo de las manos y estaba claro que ya era hora de volver. Y nada más y nada menos con un relato del Proyecto Semanas. Y diréis, ¿esto qué es? Es un proyecto por el cual semanalmente se elige un tema a partir del cual cada participante (todo el mundo que quiera puede participar) ha de escribir algo, ¡lo que sea! ¿No es maravillosa esta idea? ¿¡No os da ganas de poneros a escribir!? Bueno, a mí sí. Y tras haber pasado varias ediciones queriendo participar sin poder hacerlo, ¡ha llegado el mometo! Y quería compartir con vosotros el resultado ❤ ¡Espero que os guste!

Relicario

Processed with VSCO with hb2 preset

El día que escuchó que, si colocaba una caracola contra su oído, podría oír el mar, Eco decidió que no dejaría de andar hasta encontrar una. Así que caminó, durante kilómetros de playa desierta, durante decenios de salitre pegándose a las plantas de sus pies descalzos, bajo una eternidad de cielo completamente blanco porque solo reflejaba sal, caminó. Caminó y caminó hasta que una caracola su pie golpeó. Fue un golpe tan seco como la arena a la que nunca tocará el mar, un golpe de años de abandono en aquella playa desierta. Se arrodilló ante la caracola de la misma forma que lo haría ante un altar: dejando que la arena se clavara en sus rodillas como garras de todo aquello que había enterrado bajo ella rogando por volver a respirar. Las manos le temblaban como con un síndrome de abstinencia que no pertenecía a aquel tiempo sino a un punto remoto del pasado y que pesaba en sus manos como losas de piedra en las que alguien hubiera grabado un mandato divino.

Cogió la caracola con aquel temblor en sus manos y aquellos arañazos en sus rodillas. No fue capaz de reunir la fuerza suficiente para ver si había manado sangre de aquellas heridas, si aquello que mojaba su piel era algo más denso y profundo que el agua del mar, así que se levantó sin mirar abajo. Y se marchó sin mirar atrás. Volvió a desandar todos aquellos kilómetros de salitre y soledad, con aquella eternidad de cielo sobre sus hombros como una cruz, y caminó como si más allá de todos los pasos que pudiera dar, solo le esperara la horca. Esperó a estar lo suficiente lejos del mar para poder comprobar que lo que oía en aquella caracola no era un eco de la masa de agua y, cuando la colocó contra su oído, solo oyó algo tan gutural y profundo como el mismo océano. Pero no olía a sal, sino a sangre.

Solo escuchó un grito. Un grito que era su propia voz pero que no estaba saliendo de su garganta. Era el grito de angustia que llevaba años encajado en su pecho, entre costilla y costilla como un puñal o como un vacío. Aquel grito que no era más que un eco y que jamás tendría final. Un grito capaz de recorrer kilómetros de vacío y seguir extendiéndose más allá de los confines del sonido y del propio mar. Era el grito del silencio y de todas las palabras que Eco estaba condenada a nunca pronunciar.

Leer Más

5 trucos para NO acabar una novela

Más o menos hace una semana os proponía un RETO en el que compartía con vosotros mi propósito de escribir 1500 palabras al día y os invitaba a uniros a él para intentar acabar con la procastinación y conseguir aquello que nos proponemos, además de evitar el miedo que nos impide, a veces, alcanzarlo. Lo cierto es que he de admitir que esta semana no ha sido tan productiva como cabría de esperar, ya que he estado bastante ocupada (académicamente hablando) y me ha resultado complicado poder encontrar el momento de escribir y que me gustase el resultado. Sí, excusas al fin y al cabo, pero… entre tantas excusas también he tenido tiempo de valorar mejor los objetivos que quiero cumplir con este reto que son, básicamente, acabar la novela cueste lo que cueste y, además, evitar aquello que me lastraba cuando me ponía a escribir y evitaba que acabase nada. En esa línea, esta entrada no es más que la recopilación de todo aquello que dificultaba el hecho de intentar acabar los diversos proyectos en los que me he ido embarcado y que, de un modo u otro, han fracasado o se han quedado a medias. Por lo tanto, he de aclarar que esto NO son consejos de carácter universal, ni siquiera han de ser aplicables al resto ya que lo que para mí es un lastre para el resto puede ser el impulso que necesitan mientras escriben y lo que les hace llegar hasta la meta. Simplemente quería compartir con vosotros mis trucos personales para conseguir, de un modo u otro, dejarlo todo a medias por si os sentís identificados con ellos o, en el mejor de los casos,  por si pueden serviros de ayuda.

5 trucos para NO acabar una novela

(más…)

Leer Más

Reto: STOP procastinación

Acabo de oír a una mujer decir que “procastinas* porque tienes miedo al rechazo. Es un mecanismo de defensa; intentas protegerte a ti misma sin siquiera intentarlo”. Y creo que me acabo de dar cuenta de qué es lo que está mal en mí.

Procastinas porque tienes miedo al rechazo. Es un mecanismo de defensa. Click Para Twittear

*Procastinación: postergación o posposición es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables. (Wikipedia)

(más…)

Leer Más

El muro que rompe los ojos

¿Por qué será que los ojos se niegan a ver lo que rompe los ojos? (Eduardo Galeano) Click Para Twittear

Entre los muros (de Berlín)

Érase una vez un mundo. Durante un tiempo, se pensó que ese mundo era plano, que se extendía basto y sin límites como la imaginación que lo conjuraba y que era el centro mismo de la existencia, del universo. Muchos murieron con esta creencia y otros, tal vez no tantos, murieron por defender la contraria: que el mundo era redondo y tenía fin y giraba alrededor de un astro.

Por lo tanto, érase una vez un mundo que es redondo, que gira alrededor del sol, que tiene fin y que se parte en dos. Que se quiebra en dos mitades que ningún puente se atreve a salvar, extendiéndose así un abismo entre ambas. Un muro. Este muro rompe el mundo pero es invisible. Esta invisibilidad no supone su inexistencia, pero… ¿qué podemos hacer para enfrentar un muro que no podemos –que no queremos– ver? Durante años, siempre que no hemos podido derribar muros, los hemos pintado. Pero, decidme, ¿qué hacemos cuando los muros son invisibles? (más…)

Leer Más

La GRAN mentira (por amor)

Hoy me apetece hacer algo a lo que he decidido llamar: “De la ficción a la realidad” -tal vez en un futuro escriba más entradas bajo el mismo título, quien sabe-. Esta idea viene de que estoy harta de ver elemento altamente recurrente en la ficción que consigue exasperarme por completo y al que voy a llamar: LA GRAN MENTIRA (por amor). Sé que es un recurso que se utiliza tanto en cine como en literatura, pero que donde más me estresa a mí personalmente es en las novelas. Pero bueno, a lo que íbamos, ¿cuándo se suele dar esa GRAN MENTIRA?

(más…)

Leer Más

Relato: El cuento de quien no pudo y fue

Querrá escribir un cuento y no será capaz.

Querrá componer una canción y será entonces cuando le oirá llorar. Quién podrá pensar que un sollozo pudiera parecerse tanto a alguien intentando no ahogarse. Quién imaginará que verle llorar será así. Será todo eso roto en pedazos. Toda ella hecha ceniza.

Hubiera querido saber tantas cosas el mismo día en que lo conoció, pero todo lo que supo fue que la miró a los ojos desde el otro lado de la habitación y se instauró una estepa helada entre ambos, un infinito de hielo infranqueable. Hubiera querido dar el primer paso, pero no fue capaz. Siempre tuvo demasiado miedo de la inmensidad.

(más…)

Leer Más

Salvemos los pueblos

¿Qué estamos haciendo con nuestros pueblos? Click Para Twittear

Tras una semana trabajando en un reportaje a cerca de la Escuela Rural, esta pregunta no hace más que sonar en mi cabeza. ¿Qué estamos haciendo con nuestros pueblos? O, mejor dicho, qué estamos permitiendo que se haga con ellos. Si hay algo en lo que todos estamos de acuerdo es que si se cierran los colegios, se cierran los pueblos.

CRA La Esgueva, Esguevillas de Esgueva © Carla Calvo

(más…)

Leer Más

Encendamos velas, construyamos paz

Intenté definir la libertad y olvidé hablar de flores;

intenté definir la vida y olvidé hablar de sangre.

A veces intento poner palabras a cosas que sé que son innombrables. A veces intento hablar de aquello que me roba el aliento y me deja sin palabras. Quería hablaros del horror en el mundo, pero no he sido capaz. No cuando el miedo hace que me tiemblen las manos y aún parece que necesite seguir guardando un minuto de silencio por cada víctima de cada rincón del mundo. El dolor parece demasiado fuerte como para que nuestra voz pueda tomar forma más allá del grito, como para saber cómo curarlo sin causar más dolor.

El problema del dolor es que, aunque intentemos evitarlo, magnifica las cosas. Y aquello que nos duele, cuando nos hiere, se hace muchas veces más grande que nosotros. El miedo es a veces un titán que nos sepulta. O puede que sea nuestra vista la que en momentos de shock nos engaña y hace que aquello que tememos nos parezca irreductible y nos aterrorice. Pero algo que sin duda resulta ineludible es que el horror ha asaltado nuestros hogares, nuestros lugares seguros. Y es normal que tengamos miedo. Lo que no es normal, ni justificable, es que sucumbamos a él. Nunca es justificable que dejemos que emponzoñe nuestra mente. Ni siquiera aunque cuando se nos abra una herida lo único en lo que podamos pensar sea en taparla sin importarnos cómo. Ni a costa de quién o de cuántos. No cuando esa gente también lo sufre y llevan años sufriéndolo. Ni lo es cuando el horror lleva años asolando su hogar ni cuando su casa es la misma que la nuestra. Esa gente también tiene miedo. También siente el dolor.

Y es que hay veces que en mitad de esas heridas, del dolor, de la tragedia aquí y allí y en cualquier lugar, que las palabras nos oprimen en la garganta como un torniquete y no podemos hablar. Pero hablamos con gestos. Tapamos las palabras que otros sueltan en una verborrea de sangre y dolor y guerra para ejemplificar la paz. Cubrimos el mundo de velas y flores y parece mejor que cualquier palabra que podamos usar.

Cubrimos el mundo de velas y flores y parece mejor que cualquier palabra que podamos usar. Click Para Twittear (más…)

Leer Más

La sinceridad por bandera

I have pretended to go mad in order to tell you the things I need to. I call it art. Because art is the word we give to our feelings made public. And art doesn’t worry anyone.

—Iain Thomas

Empiezo hablando de arte porque mi sinceridad nació escribiendo. Porque una vez descubrí que si configurabas tus sentimientos en forma de palabras nadie parecía darse cuenta que aquello que contabas eras tú y no algo ajeno. Que podías gritar y llorar a todo pulmón por aquello que te dolía pero nadie veía tus heridas abiertas en cada punto y seguido, tu corazón en cada punto y final. Se convirtió en un escudo y un desahogo. En un poder decir y sangrar todo aquello que necesitaba sacar de dentro de mí y que nadie iba a juzgarlo si salía en forma de arte. En forma de palabras. (más…)

Leer Más