5 trucos para NO acabar una novela

Más o menos hace una semana os proponía un RETO en el que compartía con vosotros mi propósito de escribir 1500 palabras al día y os invitaba a uniros a él para intentar acabar con la procastinación y conseguir aquello que nos proponemos, además de evitar el miedo que nos impide, a veces, alcanzarlo. Lo cierto es que he de admitir que esta semana no ha sido tan productiva como cabría de esperar, ya que he estado bastante ocupada (académicamente hablando) y me ha resultado complicado poder encontrar el momento de escribir y que me gustase el resultado. Sí, excusas al fin y al cabo, pero… entre tantas excusas también he tenido tiempo de valorar mejor los objetivos que quiero cumplir con este reto que son, básicamente, acabar la novela cueste lo que cueste y, además, evitar aquello que me lastraba cuando me ponía a escribir y evitaba que acabase nada. En esa línea, esta entrada no es más que la recopilación de todo aquello que dificultaba el hecho de intentar acabar los diversos proyectos en los que me he ido embarcado y que, de un modo u otro, han fracasado o se han quedado a medias. Por lo tanto, he de aclarar que esto NO son consejos de carácter universal, ni siquiera han de ser aplicables al resto ya que lo que para mí es un lastre para el resto puede ser el impulso que necesitan mientras escriben y lo que les hace llegar hasta la meta. Simplemente quería compartir con vosotros mis trucos personales para conseguir, de un modo u otro, dejarlo todo a medias por si os sentís identificados con ellos o, en el mejor de los casos,  por si pueden serviros de ayuda.

5 trucos para NO acabar una novela

1. No planificar absolutamente NADA

No hay forma más rápida de fracasar que sucumbir al caos. Click Para Twittear

No soy una persona a la que le guste planificar las novelas milimétricamente, primero porque eso me supone una fuente de ansiedad a la hora de escribir y después porque me gusta tener margen de improvisación ya que las historias van cambiando y evolucionando a medida que se trabaja en ellas. Pero hay una diferencia entre planificar esquemáticamente no planificar absolutamente nada. La primera me ayuda a orientar la novela y organizarme y la segunda consigue que, simplemente, el caos se apodere de mí y de la historia y nos hunda en un naufragio sin fin. Llega un punto en el que de repente la trama empieza a bifurcarse en cientos de caminos distintos, con escenas inconexas unas con otras e improvisar cada capítulo acaba haciendo que llegue un punto en el que ni siquiera yo, ni los mismos personajes, saben qué está pasando. Ni qué va a pasar.

2. No detenerte a construir los personajes.

Derivado de lo anterior y, en un ejercicio de escribir por escribir, muchas veces he ido añadiendo y quitando personajes sin haberme detenido previamente a pensar en su existencia y en su construcción. Ya no hablo solo los personajes principales si no de personajes secundarios que un buen día aparecen en mitad de la nada porque tu personaje entra en un bar y decides que estaría bien que hubiera alguien con quien pudiera hablar. Esta para mí es otra fuente de caos y desorden que provocan que un buen día lo que era una novela de amor se haya convertido en una revolución contra mi y todas mis ideas. No recuerdo quién es cada personaje secundario, cómo se llamaban, de dónde procedían y repito u omito informaciones relevantes sobre ellos o su relación con los personajes principales que acaban por desordenar la historia y, de nuevo, esta naufraga como el Titanic.

De repente un día tus personajes se revelan y tu historia se ha convertido en una revolución.… Click Para Twittear

3. Escribir las escenas en desorden.

Para poder escribir una novela, para aguantar las tediosas y larguísimas sentadas que ese trabajo implica, mes tras mes, año tras año, la historia tiene que guardar burbujas de luz dentro de tu cabeza. Escenas que son islas de emoción candente. Y es por el afán de llegar a una de esas escenas que, no sabes por qué, te dejan tiritando, por lo que atraviesas tal vez meses de soberano e insufrible aburrimiento al teclado.

(Rosa Montero)

Tomo prestada de Rosa Montero esta idea sobre el proceso de escritura, ya que cuando la leí todo lo que pude hacer fue pensar en la razón que escondían estas palabras. Para mí, que tengo muy poca paciencia y casi aún menos perseverancia, conseguir acabar una novela o escribir algo de forma continuada me resulta pesado y, muchas veces, difícil. No porque no disfrute escribiendo, sino porque siempre quiero llegar a las partes que más disfruto por encima del resto, a esas islas de emoción candente, como dice Montero, a esas escenas que hacen que todo merezca la pena por contarlas. Y, muchas veces, he sucumbido a su brillo y a su emoción y las he escrito de forma separada creyendo que después sería más sencillo escribir el hilo conductor y ordenarlas de la forma adecuada. Pero me equivocaba. Una vez escritas esas escenas resulta aún más imposible escribir lo que las genera, lo que las forma y lo que las precede. Pero, sobre todo, resulta casi imposible conciliar los personajes con lo que eran previamente a esos sucesos y de repente sus personalidades han cambiado y la novela y su hilo han perdido el sentido.

La paciencia y la perseverancia son virtudes... ¿o no? Click Para Twittear

4. No escribir durante días o semanas.

¿He dicho ya que la perseverancia no forma parte de mi lista de virtudes? Soy una persona bastante inconstante. Intento remediarlo y pongo todo lo que puedo de mi parte para compensar y cambiar esto pero hay días y hay épocas en los que resulta muy complicado y, de repente, cuando me quiero dar cuenta llevo días o semanas sin haber abierto el documento de Word y cuando intento retomarlo no recuerdo por dónde iba, ni quiénes son esos personajes que hablan como voces en mi cabeza, ni qué quieren o a dónde van. Porque cuando dejas que el tiempo se interponga entre tú y tu historia pasa un poco como cuando dejas que se interponga entre tus amistades: un día os miráis a los ojos y no os reconocéis, no sois capaces de encontrar qué era aquello que os unía. O, cuando empiezas a escribir, te das cuenta de que tu forma de contar la historia ha cambiado y de repente se produce un bache en el estilo que difiere de una escena a otra como un abismo que se abre ante tus pies. Y aquí, amigos, vuelve a llegar el naufragio.

5. Escribir varias historias a la vez.

Después de tanto naufragio, llegamos al número cinco con un chaleco salvavidas y una pequeña tabla de madera a la que nos aferramos como pobres ilusos que intentan llegar a tierra firme. Aunque no vean ni un milímetro de suelo en kilómetros y kilómetros de distancia, rodeados por mar y soledad. Estamos solos en mitad del mar y, entonces, decidimos empezar a escribir sobre otra historia para que sus personajes nos hagan compañía. No pasa nada, te dices a ti mismo cuando recuerdas que tu ibas en un barco con muchos personajes y una historia ya detrás, podré enfrentarme a dos novelas, me centraré más en una pero iré escribiendo también la otra porque… NO. No funciona. Deja de susurrarte proposiciones indecentes en tu propio oído porque al final vas a hundir dos barcos, a falta de una. Porque sí, soy una persona impaciente, repito, y quiero escribir todo lo que se me ocurre antes de que se me haya ocurrido y acabo sucumbiendo al caos. De nuevo. Y como un fracaso no era suficiente, acabo fracasando por partida doble.

Y esto, queridos amigos, es cómo lo hago para dejar a medias todas las novelas que comienzo. Pero no quiero ser la única que hable del tema, así que decidme, ¿cuáles son vuestros trucos?

¿Y tú? ¿Escribes o naufragas? Click Para Twittear

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